María no puede hacer nada sin ti. Ella te llama. Tiene necesidad de ti, de cada uno de nosotros para realizar su plan de amor para el mundo.
Jesús quiere servirse de ti para hacerme conocer y amar. El quiere establecer la devoción a mi Corazón Inmaculado en el mundo.
Mensaje a Lucía del 13 de junio de 1917
Te invita hoy a consagrarte a la Santísima Trinidad por su Corazón Inmaculado y a ponerte enteramente a su servicio.
"Sin ustedes, no puedo ayudar al mundo."
(Medjugorje, 28/09/86)
¿CÓMO?La consagración vivida día tras día transforma de manera privilegiada nuestro corazón para que verdaderamente desborde de amor. Así mi vida cambia en profundidad y esto repercute en mi entorno.
Con la confianza plena de un niño, le entrego todo lo que soy a Dios por medio de María, mis problemas, mi familia, mi situación actual, mi pasado y mi porvenir y acojo la Paz y el Amor de Dios :
« No soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí » Gal 3,20
¿POR QUÉ PASAR POR MARÍA?
María es la Madre de Dios. Ella nos introduce en el Corazón de la Santísima Trinidad. Jesús sobre la cruz nos ofrece a su Madre para que sea nuestra madre:
“He aquí a tu Madre. Y desde esa hora, el discípulo la acogió en su casa” Jn19, 27
« María es el camino más fácil y más seguro para ir a Jesús »
San BernardoEl término bíblico « consagración » significa darse a Dios para vivir en su alianza, es la ofrenda de uno mismo al Creador por la Inmaculada. Y María es la « Mujer elegida por Dios » (Jn19, 27) para restablecer esta alianza que había sido rota por el pecado. María por su asunción y su coronación en el Cielo mora en el corazón de la Santísima Trinidad, allí donde su hijo nos tiene preparado un lugar.
« La salvación del mundo ha comenzado por María y debe ser consumada por María…»
San Luis María Grignon de MontfortLa vida renovada en María encuentra su mayor expresión en la consagración a su Corazón Inmaculado, y a través de Ella, a la Santísima Trinidad. Recibir el Corazón de María, la mirada de María sobre los más pobres a los ojos de los hombres…para que sean nuestra predilección.
Vivir en el seno de nuestra Mamá del Cielo, con Jesús, para ser « inmaculizados », por Dios en Ella en la mayor mansedumbre.
Todo lo que no podemos llevar por nosotros mismos, se lo ofrecemos a ella para que, al igual que en el sacrificio de la Misa, mediante la consagración, el amargo pan de la miseria se transforme en el dulce pan de los ángeles.
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