FRATERNIDADES
Tal como lo había profetizado Marthe Robin para estos tiempos, la Santísima Virgen nos llama a construir junto con otras personas allí donde vivamos Hogares de oración, paz y de amor. Siguiendo el ejemplo de la Sagrada Familia, personas movidas por el Espíritu Santo se reúnen para orar y encontrarse en la alegría y la simplicidad.
Comunión
Por esta comunión de almas y de corazones en María, nacerán poco a poco, en las ciudades del mundo entero, fraternidades en el espíritu de la Comunión María Reina de la Paz. Recintos donde María, la Reina de la Paz, estará presente y reinará con maravillosa dulzura.
Estos manantiales de amor, ya sea que se encuentren en familias, en barrios, en pueblos, parroquias o grupos de amigos, podrán convertirse en oasis de paz y de sanación para muchos hombres y mujeres.
Puesta en común
Según los países, lugares, y circunstancias, los miembros de la Comunión verán cómo manifestar exteriormente la unión de los corazones.
Habrá que encarar diferentes grados de puesta en común de bienes, tiempo, servicios y tiempos de oración.
Se hablará de fraternidades a partir del momento en que habrá un lugar común donde se comparta tiempo para el servicio de un apostolado de la Comunión. Esta puesta en común podrá llegar hasta el compartirlo todo en la forma practicada en las nuevas comunidades.

Funcionamiento
Cada fraternidad se definirá por medio de una carta de allianza precisando sus compromisos y su grado de vida comunitaria. Evitará en su lenguaje y en sus actitudes, toda posibilidad de confusión con la vida de las congregaciones religiosas, siendo esencialmente laica. Permanecerá lo más cercana posible a la vida parroquial perseverando en la práctica sacramental. Cada fraternidad podrá inspirarse en comunidades existentes, muy particularmente en la Comunidad de las Bienaventuranzas sin la creación de lazos jurídicos ni depender de ella a nivel de conducción.
Velarán a tener un funcionamiento « democrático », es decir que habiendo elegido un « moderador », tomarán todas las decisiones, bajo su vigilancia, en la unanimidad a la que lleva la oración, a fin de no ser más que una sola alma y un solo corazón..
De esta forma, podrá florecer en cada país, en cada provincia, una « Ciudad de la Inmaculada ».