ESPÍRITU
Mansedumbre - Dolor - Fervor
El Triunfo del Amor sólo puede realizarse a través de la unidad de los corazones. La Santísima Virgen en estos tiempos quiere unir los corazones de sus pequeñitos de la misma forma que su Corazón Inmaculado está unido al Corazón de Jesús. Esto en la mansedumbre, el dolor y el fervor.
Hacerlo todo, ser todo, ofrecerlo todo por las intenciones de la Santísima Virgen
“No pedir nada para sí mismo, no negarle nada a María, buscar la santidad amando sin retorno sobre sí mismo, sino dando y dándose, con la certeza de que Dios nos necesita para la conversión de los no-creyentes, la paz del mundo y la unidad de la Iglesia”.

Mansedumbre
Bienaventurados los mansos. La mansedumbre es una relación única, privilegiada, inefable consolación prometida por Dios. “Serán alimentados, serán llevados en brazos y acariciados sobre las rodillas. Como uno a quien su madre consuela, así yo los consolaré” (Is. 66, 12-13).
“María es el paraíso de Dios, su mundo inefable » (SM 19). Podemos abandonarnos totalmente a la Madre de Misericordia, al igual que el Niñito Jesús, para vivir esta profunda intimidad que nos conduce al corazón de la muy Santa Trinidad. Vivir en el seno de María, con Jesús, para ser « inmaculizado » por Dios en ella en la más grande mansedumbre:
“Pecador me concibió mi madre, pero Inmaculada mi Madre ha sido concebida”
Entregarse a María esposa del Espíritu y seno donde renacemos de lo alto, «abandonarse» a la Madre de Misericordia, abismo de pureza, atraída por el abismo del corazón humano y por sus ofensas al Amor.
Veremos en los más pobres, en los menos amables a los ojos de los hombres, el objeto de la predilección de Dios. Con María, nuestro corazón los buscará como la novia busca a su amado en el Cantar de los Cantares.

Dolor
En la Cruz Jesús nos da a María : « He aquí a tu Madre » Jn19, 27. Su Corazón Inmaculado unido al Corazón de Jesús se ofrece a todos los miembros del cuerpo místico de Cristo. Nos enseña a convertirnos en hijos de Dios por medio de la santificación y la oblación.
María nos enseña a amar divinamente, es decir ofreciéndonos totalmente.
Por su Corazón Inmaculado tenemos acceso al Corazón traspasado de Jesús.
En nuestra vida, experimentamos frecuentemente el dolor y el sufrimiento. María nos dice que este sufrimiento, cuando es aceptado, puede transformarse en la mayor y última fuente de amor y de alegría. “No hay mayor amor que dar la vida por los amigos” (Jn 15, 13)
María, la Madre de los Dolores, nos alcanza la contrición del corazón que nos lleva al arrepentimiento, y nos invita a recurrir al sacramento de la Reconciliación.

Fervor
María es oración, debemos agotar todos los medios para unirnos a su Corazón Inmaculado y realizarlo todo en Él. Teniendo a la oración como clave de nuestra vida espiritual, progresivamente iremos ajustándonos a lo que la Iglesia y la Santísima Virgen nos piden: el ayuno, el rosario, la comunión eucarística frecuente, la confesión mensual, la lectura cotidiana de la Biblia, la consagración a los Corazones de Jesús y de María, la santificación del tiempo por medio de las bendiciones diarias.
María nos invita a vivirlo todo en una amplísima libertad, con alegría, convirtiéndonos así gradualmente en hijos de la luz y de la belleza. Lo esencial consiste en esta decisión personal y sincera, en este deseo de darse a Dios por María, siendo María el camino más fácil y seguro (cf. VD n° 152-168, san Luis G. de Montfort).
A través de los mensajes de María en Medjugorje, nos son propuestas cinco armas:
La Oración: "Ustedes no comprenden el valor de la oración".
El Ayuno: "Los invito a comenzar a ayunar con el corazón".
La Eucaristía: "Que la Santa Misa sea Vida para ustedes"
La Confesión y Reconciliación: "Hagan la paz con Dios y entre ustedes. Para eso es necesario que crean, oren, ayunen y se confiesen."
La Biblia: "Les pido que lean la Biblia cada día en sus casas. Colóquenla en un lugar de preferencia que los incite a leerla y a orar”.
página siguiente : Objetivo